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jueves, 30 de enero de 2014

SAN PEDRO JULIÁN EYMARD: EL PADRE NUESTRO.

EL PATER NOSTER



Amen, amen, dico vobis... 
quodcumque petieritis Patrem in nomine meo,
hoc faciam, ut glorificetur Pater in Filio

“En verdad, en verdad os digo... 
cuanto pidierais al Padre en mi nombre,
yo lo haré a fin de que el Padre sea glorificado en el Hijo” 
(Jn 14, 13)

I. Padre nuestro que estás en los cielos, en los cielos de la Eucaristía, a ti, que estás sentado sobre ese trono de gracia y de amor, bendición, honor, gloria y poder por los siglos de los siglos.

II. Santificado sea tu nombre... en nosotros por el espíritu de tu humildad, obediencia y caridad, y hagamos humildes y devotos que tú seas conocido, adorado y amado por todos en la Eucaristía.

III. Venga a nosotros tu reino... eucarístico. Reina tú solo para siempre sobre nosotros con el imperio de tu amor, por el triunfo de tus virtudes, por la gracia de la vocación eucarística, para tu mayor gloria.
Concédenos la gracia y la misión de tu santo amor, para que podamos predicar, extender y difundir por todas partes con la mayor eficacia tu reino eucarístico, y cumplir así tu vehemente deseo manifestado cuando decías: Ignem veni mittere in terram et quid volo nisi ut accendatur (Lc 12, 49). Fuego he venido a traer a la tierra y ¿qué he de querer sino que arda? ¡Ojalá seamos nosotros los incendiarios de este fuego celestial!

IV. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Quererte a ti solo, desearte sólo a ti, pensar solamente en ti sea siempre nuestra mayor alegría y regocijo, de tal manera que, abnegándonos en todo y siempre, el cumplimiento de tu voluntad buena, complaciente y perfecta sea nuestra luz y nuestra vida. Por lo que hace al estado y desarrollo de nuestra Sociedad quiero lo que tú quieras, porque tú lo quieres, del modo que lo quieras, todo el tiempo que quieras; perezcan nuestros pensamientos y deseos, si no proceden puramente de ti, no terminan en ti y en ti no descansan.

V. El pan nuestro de cada día dánosle hoy. Señor mío Jesucristo que alimentaste diariamente a tu pueblo con el maná del desierto; que quisiste ser la única herencia de los levitas; que legaste a los apóstoles tu divina pobreza, a ti sólo queremos y elegimos por nuestro único procurador y mayordomo. Tú sólo serás nuestra comida, nuestro vestido, nuestra riqueza, nuestra gloria, el remedio de nuestros males y la defensa de nuestros enemigos. Te prometemos no recibir ni desear nada del favor de los hombres ni de la amistad del mundo. Tú serás para nosotros todas las cosas; los hombres, nada, y nada queremos de ellos, como no sean la cruz y el olvido.

VI. Perdónanos nuestras deudas. Perdona, Jesús, los pecados de mi juventud, los cometidos en mi vocación tan santa, para que con buena conciencia y puro corazón pueda con dignidad acercarme a tu santo altar, servirte santamente y merecer alabarte con los ángeles y santos. Perdona los pecados cometidos contra nosotros; no castigues a los que nos combaten, calumnian y persiguen, sino devuélveles bien por mal, beneficios por las ofensas, amor por el odio.
Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Sí, de todo corazón, con caridad verdadera, con toda el alma y con sencillez de niños, se lo perdonamos todo, deseándoles y procurándoles, con entera voluntad y por tu amor, todos tus dones, del mismo modo que los quisiéramos para nosotros.

VII. Y no nos dejes caer en la tentación. Aleja de tu familia eucarística las vocaciones falsas, engañosas, impuras; no permitas que esta pobre y humilde familia caiga jamás en manos de un orgulloso, de un ambicioso ni de ningún hombre duro e iracundo.
No entregues a bestias inmundas y perversas las almas que te confiesan y esperan en Ti.
Preserva a tu familia eucarística de todo escándalo, consérvala virgen de todo vicio, libre de toda servidumbre mundana, extraña al siglo, a fin de que pueda cifrar toda su alegría en servirte santa y libremente, con paz y tranquilidad.

VIII. Mas líbranos del mal. Líbranos del demonio impuro, orgulloso y sembrador de discordias. Líbranos de las preocupaciones y cuidados de esta vida, a fin de que, con corazón puro y espíritu desasido de todo, nos consagremos gozosos con todas nuestras cosas a tu servicio eucarístico. Líbranos de los falsos hermanos no sea que opriman esta pequeña Sociedad, todavía en mantillas; de los sabios del mundo, para que no corrompan en nosotros la sencillez de tu espíritu; de los sabios orgullosos, no sea que provoquen tu cólera y nos abandones; líbranos de los hombres afeminados, no sea que menoscaben el vigor de la santa disciplina y el ardor de la virtud, y, finalmente, de los hombres inconstantes y falsos, no sea que turben nuestra sencillez.


Amén. Espero en ti, ¡oh Jesús y Señor mío! Nunca jamás seré confundido. Tú sólo eres bueno, poderoso, eterno. A Ti solo, honor y gloria, amor y acción de gracias por los siglos de los siglos.

Creemos deber dar el texto original de esta paráfrasis, en la que el alma de S. Pedro Julián Eymard se descubre por completo:


I. – Pater noster, qui es in caelis, caelis Eucharisticis, tibi sedenti in throno amoris et gratiae, benedictio honor et gloria et potestas in saecula saeculorum!

II. – Sanctificetur nomen tuum, in nobis humilitatis, obedientiae et charitatis tuae spiritu et te in Eucharistia cognosci, adorari et amari ab omnibus faciamus humiles et devoti.

III. – Advenia regnum tuum, eucharisticum. Regna solus in aeternum super nos amoris tui imperio, virtutum tuarum, triumpho, gratiae vocationis Eucharisticae dono ad majorem tuam glorian).
Dona nobis gratiam et missionem sanctae tuae dilectionis, ut regnum tuum eucharisticum praeclicare, extendere, diffundere, ubique valeamus potentes, et sic desiderium tuum implere guando dicebas: “Ignem veni mittere in tcrram, et quid volo nisi ut accedantur?” Ultinam et nos hujus ignis ccelestis simus incendiarii!

IV. – Fiat voluntas tua sicut in celo et in terra. Te unum velle, te unum desiderare, te unum cogitare gaudeamus; semper et in omnibus abnegantes nos ut obedientia tua bona, beneplacens et pefecta, in nobis sit lux et vita.
Et, quoad societatis nostrae statum et progressum, yola quod vis; volo quia vis; volo quomodo vis; volo quamdiu vis; pereani cogitationes nostrae et desideria, si ex te, ad te, in te pure non sunt!

V. – Panem nostrum quotidianum da nobis hodie. Domine Jesu, qui manna in deserto, quotidie populis praebuisti, qui levitis pass et haereditas sola et tota esse voluisti, qui Apostolis paupertatem tuam divinam legasti, te solum provisorem et procuratoren in omnibus volumus et eligimus; tu solus cibus et vestis, thesaurus et gloria, medicina in malo et protectio ab hostibus. Nihil a favore humano, nihil ab amicitia mundi accipere nec etiam desiderare promittimus; tu eris nobis omnia, et homines, et ab hominibus, nihil, nisi cruz et oblivio!

VI. – Et dimitte nobis debita riostra. Paree, Domine Jesu, peccatis juventutis mea; paree peccatis in vocatione tam sancta patratis, ut, corde puro et conscientia bona digne ad sacrum altare tuum accedere audeam, sancteque tibi servire, te laudare cum angelis et sanctis merear. Dimitte delicta in nos commissa; ne vindictam sumas de oppugnantibus, calumniantibus et persequentibus nos; da eis bonum pro malo, gratiam pro delicto, amorem pro odio.
Sicut et nos dimittimus debitoribus nostris; toto corde, in charitate vera; tota mente, in simplicitate infantium; tota voluntate illis omnia bona tua sicut et nobis desiderantes et procurantes in amore tuo.

VII. – Et ne nos inducas in tentationem. Longe fac a familia tua eucharistica vocationes subdolosas, falsas, impuras: nullus superbus et ambitiosus, durus et iracundus, hanc humilem et pauperem familiam unquam regat. Ne tradas bestiis inmundis et perversis animas confitentes tibi. Redde tuam societatem a scandalo 

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