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sábado, 22 de marzo de 2014

P. JEAN CROISSET SJ. VIDA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA: X. La Santísima Virgen se cría en Nazaret en casa de sus padres hasta la edad de tres años.

X.               La Santísima Virgen se cría en Nazaret en casa de sus padres hasta la edad de tres años.



Cumplidos los ochenta días después del nacimiento de la santísima Virgen, que era el tiempo en que ordenaba la ley que las madres que habían parido hija debían purificarse, llevar la niña al templo, y ofrecer al Señor por sí y por la hija un cordero en holocausto, y un pichón o dos tórtolas; santa Ana no faltó a esta ceremonia que prescribía la Religión, de que era tan celosa. Llevó, pues, la niña Virgen a Jerusalén, y la ofreció al Señor en el templo; pero mientras que se ofrecía por María la víctima prescrita por la ley, esta dichosa niña se inmolaba ella misma al Señor de un modo mucho más espiritual y más perfecto. Hasta entonces no había visto Dios en su templo ni sobre sus altares una víctima tan pura, tan santa, tan agradable a sus ojos, tan digna de sus divinas complacencias. La niña virgen se ofrecía interiormente a su Dios como la más humilde de sus esclavas; y Dios la recibía como a su Hija querida, como a su Esposa sin mancha, como a la que había de ser Madre de su amado Hijo. Solo Dios puede saber cuán agradable le fue esta ofrenda, y las abundantes gracias de que fue acompañado este primer acto exterior de religión de la más feliz y devota niña.

Se cree, y es muy probable, que san Joaquín y santa Ana no llevaron su santa hija al templo solamente para satisfacer a la obligación de esta ceremonia, o presentación puramente legal, sino también para ofrecerla toda al Señor, y consagrársela como un don del cielo, que ellos no tenían sino en depósito, y que estaban resueltos a volvérsele a dar muy luego que estuviese en edad de ser admitida para el servicio del templo.

Acabada la ceremonia volvió la santísima Virgen a Nazaret, en donde fue por espacio de tres años el objeto de los cuidados y las delicias de su santa familia. Como la gracia se había anticipado nueve meses a su nacimiento, también el uso de la razón se anticipó en ella a la edad en que la razón acostumbra desenvolverse en los más niños. Apenas tenía María dos años, cuando ya parecían hacer su carácter la piedad, la prudencia, la mansedumbre y la docilidad. Al modo que los astros, aunque luminosos totalmente desde el punto que aparecen sobre el horizonte, parece van descubriendo a nuestros ojos un nuevo resplandor a medida que se alejan del punto de donde se levante; así la santísima Virgen, semejante a la estrella, de la cual llevaba el nombre, aunque desde el primer instante de su Inmaculada Concepción había recibido el don de sabiduría, no manifestaba sus tesoros sino conforme iba creciendo en edad. Se admiraban todos los días en esta joven niña golpes brillantes de una razón anticipada; todo era en ella extraordinario, porque todo era maravilloso. Habiéndose anticipado la razón a la edad, creyeron san Joaquín y santa Ana que debían anticipar el tiempo de cumplir su voto. Habían prometido al Señor, que sino obstante su larga esterilidad les daba un niño o niña, lo consagrarían a su servicio en el templo. Hallando, pues, en su santa hija en la edad de tres años un juicio, una sabiduría, una devoción anticipada que no se hallaba en ninguna de las otras niñas de mucha edad, determinaron ir a devolverle al Señor un tesoro que hasta entonces no había tenido sino en depósito. Ya se deja discurrir cuánto les costaría este sacrificio. La pequeña hija era todo su consuelo, todo su tesoro y todas sus más dulces delicias; pero cuando el espíritu de Dios es quien nos anima, cuando somos tan religiosos como san Joaquín y santa Ana, se prefiere con gusto a su propia satisfacción lo que se debe al Señor.


Se hizo este doble sacrificio el día 21 de noviembre en el que san Joaquín y santa Ana fueron a ofrecer al Señor en el templo la alhaja que más amaban y apreciaban; y María fue igualmente a animar esta ofrenda, y a efectuar este sacrificio, consagrándose ella misma de todo corazón y del modo más perfecto a su Dios, por la oblación pública y solemne que hizo al Señor de su corazón, de su espíritu, de su cuerpo y de todas las potencias de su alma; y todo esto del modo más santo y más agradable a los ojos de Dios; de suerte que se puede decir que este sacrificio fue el más santo y más perfecto de cuantos se habían hecho a Dios desde el principio del mundo; y esto es lo que se llama la presentación de la santísima Virgen en el templo de Jerusalén.

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