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sábado, 8 de febrero de 2014

P. JEAN CROISSET SJ. VIDA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA: IV. La Santísima Virgen por una gracia especial es concebida sin pecado original.

  IV. La Santísima Virgen por una gracia especial
es concebida sin pecado original.



Llegado en fin el tiempo en que, después de tantas promesas, predicciones y figuras, debía obrarse el inefable misterio de la encarnación del Verbo, resolvió Dios dar al mundo aquella mujer en cuyo seno se había de obrar este gran misterio. Hacia el año de 4000 del mundo fue cuando María, la mujer más feliz, la maravilla del universo y la mayor obra que vieron los siglos, como se explican los santos Padres, fue concebida como por milagro. Fue hija única de Joaquín, llamado también Helí, de la tribu de Judá y la raza de David por Natán hijo de David. Tuvo por madre a santa Ana, de la misma familia Real y de la misma tribu. Estos dos esposos, los más religiosos y los más santos que había entonces sobre la tierra, había más de veinte años que estaban casados, sin haber tenido jamás fruto alguno de su matrimonio. La esterilidad era entre los judíos una especie de infamia, y se miraba como una maldición de Dios, porque quitaba toda esperanza de poder jamás contar entre sus descendientes al Mesías.

San Joaquín y Santa Ana, resignados perfectamente en la voluntad de Dios, llevaban con paciencia esta humillación; y miraban a los pobres como a los hijos, para los cuales destinaban su herencia. Pero Dios tenía sobre ellos muy distintas miras, y la humillante esterilidad de los dos esposos era en los designios de Dios una condición para tener el más precioso fruto de su matrimonio. Sara tampoco fue madre de Isaac sino después de una larga esterilidad; ni Ana, mujer de Elcana, tuvo a Samuel sino después de una larga esterilidad; ni Juan Bautista había de ser de otro modo hijo tan deseado de una estéril. Convenía, dice san Juan Damasceno, que María, que había de tener una virginidad fecunda, fuese hija de una madre estéril, para que así el primer milagro dispusiese los espíritus a otro prodigio mayor; y aun por eso el Ángel se sirvió después del ejemplo de una esterilidad fecunda, para probar que Dios puede hacer que una virgen sea madre sin dejar de ser virgen, y que para Dios nada hay imposible.

Es una piadosa y antigua tradición, que viviendo estos dos santos esposos con mucho retiro, y derramando sin cesar su corazón delaten de Dios, fueron avisados separadamente por un Ángel que bien pronto tendrían una hija, que sería la gloria de Israel y el consuelo de su pueblo. En efecto, el día 8 de diciembre del mismo año, que era el 4000 poco más o menos, después de la creación del mundo, santa Ana concibió a la Virgen santísima, la cual, por un privilegio singular, fue creada en gracia y amistad de Dios, habiéndola eximido el Señor, por un favor especial, del pecado original, y dotándola desde el primer instante de su concepción de todos los dones del Espíritu Santo; siendo ya más santa y más agradable a los ojos de Dios en aquel primer momento, que todos los Santos juntos han sido y serán al fin de su vida. (Bonav. dist. 13). Era conveniente, dice san Buenaventura, que la santísima Virgen no fuese manchada con ningún pecado, y que de tal suerte venciese al demonio, que no estuviese ni aun un solo instante bajo de su imperio. Solo el Hijo de la Virgen María, dice en otra parte, fue exento por naturaleza del pecado original; lo fue también la que fue su Madre sin dejar de ser virgen; pero esta no lo fue por naturaleza sino por un favor especial; porque se debe creer que por un nuevo género de santificación la libró el Espíritu Santo, desde el mismo instante de su Concepción, del pecado original, no del que estuvo en ella, sino del que hubiera estado, si Dios no la hubiese preservado de él por una gracia singular (Idem, serm. de B. Virg.). Solus Filius Virgnis fuit ab originali culpa inmunis, et ipsa mater et virgo, etc. Los demás hombres todos han sido levantados después de haber caído, dice también el mismo santo Doctor; pero María fue detenida y sostenida como en el borde del precipicio, para que no cayera (Idem, in dist. 3). Alii post casum erecti; Maria quasi in ipso casu sustenta est ne rueret. Mayor beneficio es impedir el que uno caiga, que sacarle del hoyo después de haber caído. María está mucho más obligada al Redentor por haberla preservado del pecado original, por una gracia especial, que si la hubiera librado de él, aunque no fuera sino un instante, después de haber estado manchada con él. ¿Acaso se podrá decir que por este insigne privilegio no tuvo esta Señora parte en la Redención? Pero ¿a quién sino a los solos méritos del Redentor debe esta primera gracia? Esto es lo que hizo decir a san Bernardino de Sena, que el principal fin del Señor en su venida al mundo fue la Redención de su Madre (S. Bern. serm. 52); y así la llama la Hija primogénita del Redentor: Primogenita Redemptoris.


He hallado un hombre entre mil, dice el Ángel de las escuelas santo Tomás de Aquino; he hallado un hombre, es a saber, Jesucristo, exento de todo pecado original y venial; pero entre todas las mujeres no he hallado una exenta de todo pecado, a lo menos original y venial, excepto la santísima Virgen, digna de toda alabanza (D. Thom. lect. 6, cap. 5 in Epist. ad Galat. et in sent. dist. 44, q.1, art.3 ad 3). Virum de mille unum reperi, scilicet Christum, etc. El mismo santo Doctor encierra en pocas palabras el elogio más magnífico de la eminente santidad de María en su Inmaculada Concepción. Puede encontrarse, dice, una pura criatura tan santa, que no haya cosas más santa en todo cuanto ha sido creado, si por dicha no ha sido manchada con ningún pecado, ni aun con el original; y tal fue la santidad y pureza de la bienaventurada Virgen, la cual fue exenta de todo pecado original y actual: Et talis fuit puritas Beatae Virginis, que a peccato originali et actuali inmunis fuit.

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