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lunes, 17 de febrero de 2014

LA VOZ DEL PAPA: EL MUNDO DE HOY, SIN CRUZ Y SIN MISERICORDIA. VI. Nuestra cruz, sobrenaturalmente mirada, es el primer medio de santificación.

VI. Nuestra cruz, sobrenaturalmente mirada, es el primer medio de santificación


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a) LA EXPLICACIÓN NATURAL DEL DOLOR FÍSICO NO SACIA NUESTRO ENTENDIMIENTO
“Nos referimos al dolor y a la muerte. Sin duda ninguna, el dolor físico tiene también una función natural y saludable. Es una señal de alarma que descubre el nacimiento y el desarrollo, a veces insidioso, de la enfermedad oculta e induce e impulsa a procurar el remedio. Pero el médico encuentra inevitablemente el dolor y la muerte en el curso de sus investigaciones científicas como un problema del cual el espíritu no tiene la clave. Y en el ejercicio de su profesión, como una ley inevitable y misteriosa, frente a la que muchas veces su arte queda impotente y su compasión resulta estéril. El médico puede formarse su diagnóstico conforme a todos los elementos del laboratorio y de la clínica, formular su pronóstico conforme a todas las exigencias de la ciencia; pero en el fondo de su conciencia, de su corazón de hombre y de estudioso notará que la explicación de aquel enigma se empeña en escaparse. Sufre por ello, le atenaza inexorablemente la angustia hasta que puede obtener una respuesta que, aunque no completa, tal cual existe en el misterio de los designios de Dios, y que descubrirá en la eternidad, basta, sin embargo, para tranquilizar a su alma” (Pío XII, A ochocientos médicos italianos, 12 de noviembre de 1952).


b)    SI NO ES VIENDO EN EL DOLOR UN INSTRUMENTO DE LA PROVIDENCIA Y UN MEDIO DE SANTIFICACIÓN
“He aquí la respuesta: Dios, al crear al hombre, por un don gratuito le había eximido de aquella ley natural que en todo cuerpo vivo y corpóreo instituye. En su destino no había querido introducir el dolor y la muerte. El pecado los introduce. Pero Él, Padre de las misericordias, los ha tomado en sus manos, los ha hecho pasar por el cuerpo, por las venas, por el corazón de su amado Hijo, Dios como Él, hecho hombre para ser Salvador del mundo. Así, el dolor y la muerte, para todo hombre que no rechaza a Cristo, se han convertido en medios de redención y santificación. Así, la vida del género humano, que se desliza a lo largo del dolor y de la muerte, mientras que acá abajo madura y purifica el alma, le conduce a la felicidad sin límites de una vida que no tiene fin. Sufrir, morir, son, si queremos usar la audaz expresión del Apóstol de las Gentes, la lucra de Dios, locura más sabia que toda la sabiduría de los hombres” (Pío XII, ibid.).


c)   HAY DESDICHAS A LAS QUE NO ALCANZA REMEDIO ALGUNO DE MANO DE HOMBRE
“En el torbellino de tantas desventuras y pruebas, Nos sentimos y reconocemos en la amargura de nuestro espíritu cuán desproporcionados e inadecuados al exceso inmenso de una miseria sin nombre son todos los socorros humanos. Hay desdichas para las cuales no basta la mano del hombre, aun la más munífica y generosa” (Pío XII, En el quinto aniversario de su coronación, 12 de marzo de 1944).


d)    POR ESO ES NECESARIO ALZAR LOS OJOS A CRISTO, QUE ALIVIA AL QUE ESTÁ CARGADO
“Alzad, por eso, los ojos arriba, amados hijos e hijas, hacia Aquel que os dará fuerzas para llevar vuestra cruz con fe viva y cristiana fortaleza, a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. A Él deseamos llevaros. Él mismo os invita y os dice (Mt. 11,28): Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré” (Pío XII, ibid.).


e)     LOS SUFRIMIENTOS SON UN TESORO Y HAY QUE SABER RECIBIRLOS
“Vosotros sois especialmente gratos al corazón de nuestro divino Maestro, a su bendita Madre y también a Nos, que, con San Pablo, podemos decir: Porque os ha sido otorgado no sólo creer en Cristo, sino también padecer por Él (Phil. 1,29). Convenceos de que es un tesoro este sufrimiento que la voluntad de Dios os envía; soportadlo siempre uniéndolo a los sufrimientos de nuestro Señor, ofreciéndoselo a Él para el aumento y la santificación de los miembros de su cuerpo. Así contribuiréis a completar las tribulaciones de Cristo… por su cuerpo, que es la Iglesia (Col. 1,24). Con las palabras de San Pedro, primer Vicario de Cristo, os exhortamos (1 Petr. 4,12-13): Carísimos, no os sorprendáis, como de un suceso extraordinario, del incendio que se ha producido entre nosotros, que es para vuestra prueba; antes habéis de alegraros en la medida que participáis en los padecimientos de Cristo, para que en la revelación de su gloria exultéis de gozo” (Pío XII, A un grupo de peregrinos inválidos, 23 de octubre de 1953).


f)      PUES EL SUFRIMIENTO SOPORTADO POR DIOS ACERCA MÁS A ÉL
“Si la condición de inferioridad a que la calamidad de la guerra os ha reducido es un mal, un horrible mal, y si el dolor que se sigue es un enemigo, después que Jesús ha venido y ha sufrido por los crímenes del mundo, este mal aparece como la expiación de los pecados de todos, y este dolor, para quien lo sabe aceptar, toma el valor de una iniciación a la vida superior; él llega a ser un resorte de nuestro progreso moral y el más perfecto estimulante del amor a Dios, nuestro Padre.
En otras palabras, cuando se ama a Jesucristo, el rendimiento de la vida no tiene límite. En fin –y esto debe ser para vosotros un verdadero motivo de júbilo–, vuestro sufrimiento, unido a los sufrimientos de nuestro Señor, os llevará a un más grande amor a Él y a una tierna y fuerte caridad para con nuestros hermanos. Esto es suficiente–¿no es verdad, queridos hijos?–para consolaros y para devolver a vuestro corazón la tranquilidad y la paz” (Pío XII, A un grupo de niños mutilados de guerra, 28 de agosto de 1953).


g)     TODOS LOS DOLORES DE LA VIDA HUMANA HAN DE SER CONSIDERADOS COMO PERTENECIENTES A LA ESENCIA MISMA DE LA PROFESIÓN CRISTIANA
“Si es sincera nuestra exaltación de lo que un día fue vergonzoso patíbulo, digno de infamia y de maldición, y es hoy guion triunfante, he aquí en conclusión, amados hijos, a qué os obligan los honores que a este estandarte tributáis; os obligan a considerar los dolores de la vida como pertenecientes a la esencia misma de vuestra profesión cristiana. “No hay salud para el alma–escribe el piadoso autor de la Imitación de Cristo (1.2 c.12)–ni esperanza de vida eterna sino en la cruz”. Si es así, si son factores esenciales de la religión del Evangelio los sacrificios y los sufrimientos; si la única vía para ascender a verdadera nobleza y elevación espiritual está en la ley del dolor, quiere decir que a nadie es concedido elevarse espiritualmente en Jesucristo y gozar por completo los frutos de su mensaje, si se revela contra los propios dolores, que son elemento necesario del cristianismo vivido, pero al mismo tiempo la fuente y el aroma, el alma y la vida” (Pío XII, Al clero y fieles de la diócesis de Novara, 4 de junio de 1952).


h)    ADEMÁS, LOS SUFRIMIENTOS TIENEN UN VALOR PURIFICADOR Y REDENTOR
“Desearíamos, sobre todo, que, madurados en el sufrimiento común, los corazones, lejos de irritarse y de cerrarse, se dilaten, por comprensión, persuadidos del valor purificador y redentor del sufrimiento y de la cruz” (Pío XII, Al Episcopado francés, 13 de marzo de 1945).


i)      ABRAZAR LA CRUZ DE CADA DÍA ES LA PRIMERA PENITENCIA Y EL PRIMER MEDIO DE SANTIFICACIÓN DE TODO CRISTIANO
“Saber cómo soportar la vida. Esa es la primera penitencia de todo cristiano, la condición primordial y el primer medio de santificación y de perfección. Con la dócil resignación propia de quien cree en un Dios justo y bueno y en nuestro Señor Jesucristo, maestro y guía de los corazones, abrazad con valor la cruz de cada día, a menudo pesada, que al llevarla con Jesús se torna más ligera.

Pero las condiciones particularmente graves de la hora presente impelen a los cristianos, con mayor fuerza que nunca, a completar en sí mismos lo que falta a las tribulaciones de Cristo (Col. 1,24), no sólo con el deseo de ofrecer mayor reparación por la iniquidad que se comete y de dar más de un signo y una prueba seguros de la sinceridad de su retorno, sino también de contribuir a la salvación de todos los redimidos” (Pío XII, A los fieles de Roma y del mundo, 26 de marzo de 1950).

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