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miércoles, 19 de febrero de 2014

BOSSUET: Expiación por la penitencia y preparación para la Eucaristía.

BOSSUET



El tema a tratar es el del leproso y del centurión (Mt. 8,1; Mc. 1,40; Lc. 5,12). Bossuet ve en los dos milagros del Señor la imagen de dos sacramentos. La curación del leproso representa la penitencia. La del siervo del centurión, la preparación para la Eucaristía (cf. Oeuvres de Bossuet [ed. Firmin-Didot, París 1877] t.2 p.278-280).

Expiación por la penitencia y preparación para la Eucaristía

LA LEPRA Y EL PECADO

“Al bajar Jesús de la montaña donde acaba de explicar los preceptos de la ley evangélica, nos enseña el perdón de los pecados. Después del precepto, la prevaricación y la remisión por medio de la gracia. Poco se suele pensar en las obras buenas que se deben hacer y en los pecados que importa expiar; sin embargo, debemos procurar cada día la remisión de los pecados que continuamente cometemos (cf. SAN AGUSTÍN, Serm. 58,6: PL 38,395). Toda nuestra vida es inútil; no sólo palabras ociosas, sino toda ella ociosidad; somos la ociosidad misma. En nombre de todos confieso nuestros pecados a Jesús y le digo: Domine, si vis, potes me mundare[1]. El contestará por medio del sacerdote: Volo, mundare[2]”.

Le advirtió, no lo digas a nadie (v.4), no para que el pueblo ignorase las maravillas de su misión, sino para que las fuera conociendo por el camino ordinario señalado por el Padre.

La lepra es una impureza y significa el pecado, ya que ninguna impureza le aventaja. No todos los leprosos reciben el mismo trato, porque unos lo son recientes y otros inveterados. Los pecadores también se dividen en dos clases. No busquéis médicos que no sepan distinguir. La Iglesia tiene llaves para abrir y para cerrar.

Los leprosos vivían separados del mundo en las afueras de la ciudad. El pecador debe separarse también por miedo al contagio. Cristo, nuestro médico, fue separado y muerto fuera de la puerta (Hebr. 13,12). Era la víctima del pecado.

Ofrece la ofrenda que Moisés mandó (v.4). El leproso tenía que ofrecer dos pájaros, de los cuales se inmolaba uno y el otro, después de bañado en la sangre del muerto, se dejaba en libertad. Nuestra naturaleza, para ser libre, debe bañarse en la sangre de Cristo inmolado; bañarse por medio de la mortificación. La vida regalada no sufre este empaparse en la sangre de Cristo. Por eso viviendo estáis muertos (1 Tim. 5,6).

Al leproso se le obligaba a cortarse el pelo y la barba, porque, según Bossuet, en estas partes superfluas anidaba principalmente la lepra. La lepra del alma suele arraigar en lo superfluo y vano, y hemos de cortarlo radicalmente. No me preguntéis por dónde habéis de cortarlo radicalmente. No me preguntéis por donde habéis de empezar; cortad un poco y recibiréis luz para seguir cortando. Empezad por la limosna. No antepongáis vuestro bienestar. Es preciso cortarse cejas y la barba, y no importa que el rostro quede algo desfigurado. Nadie tiene más obligación de dar limosna que el leproso que se purifica y el pecador que sana.

LOS MOTIVOS POR LOS CUALES LA LIMOSNA CURA EL PECADO.

1-     El pecado exige el castigo de la privación de todo bien, puesto que el reo ha abusado de todo. Lo menos que puede hacer en compensación es compartir sus bienes con los que realmente sufren privaciones.
2-     La limosna evita los pecados de los demás, porque un gran número de ellos se originan por la pobreza, verbigracia, los pecados ocultos, los incestos, por el hacinamiento en que se vive y otras abominaciones. Nada mejor para expiar nuestros pecados que evitar los del prójimo. Charitas operit multitudinem peccatorum[3] (1 Petr. 4,8).

La Limosna, en fin, es una excelente preparación para la comunión. Dar a Jesucristo es el mejor modo de disponerse para que Jesucristo se dé a nosotros.



[1] Señor, si quieres, puedes limpiarme. (Mt. 8,2)
[2] Quiero, sé limpio. (Mt. 8,3)
[3] Porque la caridad cubre la muchedumbre de pecados. (1 Petr. 4,8)

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